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News from UC Davis Health System

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NEWS | July 9, 2013

El exceso de líquido cefalorraquídeo y un tamaño de cerebro superior al normal en la infancia son posibles biomarcadores de autismo

(SACRAMENTO, Calif.)

Niños que más tarde fueron diagnosticados con trastorno del espectro autista tenían un exceso de líquido cefalorraquídeo y cerebros agrandados en la infancia, según el resultado de un estudio llevado a cabo por un equipo multidisciplinar de investigadores afiliados al Instituto MIND de UC Davis, lo que plantea la posibilidad de que esas anomalías cerebrales puedan servir como posibles biomarcadores para la identificación temprana de este trastorno del neurodesarrollo.

David Amaral David Amaral

El estudio es el primero que sigue la trayectoria de crecimiento cerebral desde la infancia en niños que posteriormente desarrollaron autismo y el primero que asocia el exceso de líquido cefalorraquídeo durante la infancia con el autismo. “Early brain enlargement and elevated extra-axial fluid in infants who develop autism spectrum disorder” (Agrandamiento cerebral temprano y líquido extra-axial elevado en bebés que desarrollan trastorno del espectro autista) se publica en línea hoy en la revista de neurología Brain, publicada por Oxford University Press.

"Este es el primer informe de una anomalía cerebral en bebés asociada con el autismo que es detectable mediante el uso de IRM estructural convencional”. Dijo David Amaral, director de Investigación del Instituto MIND, quien codirigió el estudio.

"Este estudio plantea la posibilidad de desarrollar un método para detectar el trastorno del espectro autista en fase muy temprana. La detección temprana es fundamental, porque la intervención temprana puede disminuir las discapacidades cognitivas y conductuales asociadas con el autismo y podría conducir a más resultados positivos a largo plazo para el niño”, dijo Amaral.

El estudio se realizó en 55 bebés de 6 a 36 meses de edad, 33 de los cuales tenían un hermano mayor con autismo. Veintidós bebés eran niños sin ningún antecedente familiar de esta afección.

Los investigadores informaron que la anomalía cerebral se detectó con una frecuencia significativamente superior en bebés de alto riesgo que más tarde fueron diagnosticados con autismo entre los 24 y los 36 meses. Investigaciones anteriores llevadas a cabo por Sally Ozonoff, vicepresidenta de investigación y profesora del departamento de Psiquiatría y Ciencias del comportamiento, quien codirigió el estudio, han demostrado que el riesgo de autismo es casi 20 veces superior en hermanos de niños con autismo que en la población general. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos sitúan la incidencia general de autismo en 1 de cada 88.

El exceso de líquido cefalorraquídeo y el volumen agrandado del cerebro se detectaron midiendo periódicamente el crecimiento del cerebro y el desarrollo de los bebés con la ayuda de imágenes por resonancia magnética (IRM), y evaluando regularmente su desarrollo cognitivo, social, motor y de comunicación. Tanto los bebés de alto riesgo como los de bajo riesgo fueron sometidos a su primera IRM entre los 6 a 9 meses. Las segundas IRM se realizaron cuando tenían entre 12 y 15 meses de edad. La tercera tuvo lugar entre los 18 y los 24 meses. Las IRM se realizaron mientras los bebés estaban durmiendo de forma natural, sin necesidad de sedación o anestesia.

A los 6 meses, los investigadores comenzaron a realizar evaluaciones conductuales intensivas del desarrollo de los bebés. Los padres completaron también periódicamente cuestionarios sobre el comportamiento de sus bebés. Estas pruebas se realizaron hasta que los bebés tuvieron 24 a 36 meses de edad, cuando se evaluó a cada niño determinándose si tenía trastorno del espectro autista, otros retrasos del desarrollo o un desarrollo típico.

Además de los 10 niños diagnosticados con autismo, el 24 por ciento de los bebés de alto riesgo y el 13,5 por ciento de los bebés de bajo riesgo fueron clasificados bajo categorías asociadas a otros retrasos en el desarrollo. Un 45,5 por ciento de los bebés de alto riesgo y más del 86 por ciento de los bebés de bajo riesgo presentaron un desarrollo normal.

Los investigadores hallaron que entre los 6 y los 9 meses de edad, los niños que desarrollaron autismo tenían niveles elevados de líquido cefalorraquídeo en el espacio “extra-axial” sobre y alrededor del cerebro, y que estos niveles  de líquido permanecieron anormalmente elevados entre los 18 y los 24 meses de edad. Cuanto más líquido durante la infancia temprana, más graves fueron los síntomas de autismo del niño en el momento del diagnóstico, según los resultados del estudio. 

En los bebés a quienes más tarde se diagnosticó con autismo, el volumen de líquido ”extra-axial” fue, en promedio, un 33 por ciento mayor entre los 12 y los 15 meses, y un 22 por ciento mayor entre los 18 y los 24 meses, en comparación con bebés con un desarrollo típico. Entre los 6 y los 9 meses, el volumen de líquido extra-axial fue un 20 por ciento mayor, cuando se comparó con bebés con un desarrollo típico.

El estudio también aportó los primeros indicios mediante IRM de agrandamiento cerebral en el autismo antes de los 24 meses. Los bebés en el estudio diagnosticados con autismo tenían, por término medio, volúmenes cerebrales un 7 por ciento más grandes a los 12 meses, comparados con bebés con un desarrollo típico.

El exceso de líquido extra-axial y el mayor volumen cerebral se detectaron mediante estudios de imágenes del cerebro antes de que fueran evidentes señales de comportamiento indicadoras de autismo.  “La causa del aumento de líquido extra-axial y del tamaño agrandado del cerebro no se conoce actualmente”, dijo Amaral.

El diagnóstico temprano puede ser especialmente beneficioso para bebés cuyos hermanos mayores han sido diagnosticados con autismo, pero los investigadores advierten de que este hallazgo debe ser replicado antes de que pueda ayudar en el diagnóstico temprano del trastorno del espectro autista. El Instituto MIND está actualmente colaborando con otros centros de investigación para replicar estos hallazgos y para evaluar lo bien que este posible biomarcador puede predecir con exactitud un diagnóstico posterior de trastorno del espectro autista.

“Es fundamental conocer así mismo con qué frecuencia este hallazgo sobre el cerebro está presente en niños que no desarrollan autismo”, dijo Ozonoff. “Para que un biomarcador sea útil en la predicción de casos de autismo, queremos estar seguros de que no produce un nivel inaceptable de falsos positivos”.

“Si este hallazgo de líquido extra-axial elevado se replica en una muestra más grande de bebés que desarrollan autismo, y distingue con exactitud entre bebés que no desarrollan autismo, tiene el potencial de convertirse en un biomarcador no invasivo que ayudaría en la detección temprana, y en último término mejoraría los resultados a largo plazo de estos niños a través de una intervención temprana”, dijo Mark Shen, estudiante de doctorado de UC Davis y el autor líder del estudio.

Los otros autores del estudio son: Christine W. Nordahl, Gregory S. Young, Sandra L. Wootton-Gorges, Aaron Lee, Sarah E. Liston y Kayla R. Harrington, todos de la Facultad de Medicina de UC Davis.

El estudio fue financiado por el Instituto MIND de UC Davis, las subvenciones R01MH068398 y 1K99MH085099 de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, y ha sido posible a través de una asignación de la Ley de Recuperación y Reinversión de Estados Unidos de 2009.

En el Instituto MIND de UC Davis, científicos de renombre mundial colaboran en investigaciones interdisciplinares para encontrar las causas y desarrollar tratamientos y curas para: el autismo, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (ADHD), el síndrome del X frágil, el síndrome de deleción del cromosoma 22q11.2, el síndrome de Down y otros trastornos del desarrollo neurológico. Para obtener más información, visite <a href="http://mindinstitute.ucdavis.edu">mindinstitute.ucdavis.edu</a>

Notas a los editores:

‘Early brain enlargement and elevated extra-axial fluid in infants who develop autistic spectrum disorder’ (Agrandamiento cerebral temprano y líquido extra-axial elevado en bebés que desarrollan trastorno del espectro autista) por AUTORES

Brain, DOI: TBC

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En el Instituto de MIND de UC Davis, científicos reconocidos mundialmente realizan investigaciones para identificar mejores tratamientos, así como también las causas y curas para el autismo, el trastorno de déficit de atención con hiperactividad, el síndrome X frágil, el síndrome de Tourette y otras enfermedades de desarrollo neurológico. Los avances en neurociencia, biología molecular, genética, farmacología y ciencias de la conducta están llevando a un mejor entendimiento de la función cerebral. El Instituto de MIND de UC Davis usa éstas y otras disciplinas para realizar investigaciones colaborativas y multidisciplinarias. Para mayor información, visite mindinstitute.ucdavis.edu.