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News from UC Davis Health System

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NEWS | October 31, 2012

Estudio multi-étnico indica que agregar soja a la dieta no afecta el inicio de los calores de la menopausia

(SACRAMENTO, Calif.)

Un equipo de científicos liderado por UC Davis descubrió que comer productos de soja como leche de soja y queso de soya no previene el inicio de los calores y sudores nocturnos cuando las mujeres entran en la menopausia.

Contrariamente a estudios investigando la relación entre la soja y estos síntomas de la menopausia, el estudio actual incluyó a una población muy grande en un período muy largo: más de 1,600 mujeres a lo largo de más de 10 años.

El artículo, titulado "Consumo de Fitoestrógeno y Fibra en Relación a Síntomas Vasomotores Episódicos: Resultados del Estudio de Salud de Mujeres en la Nación", se publicó en Internet hoy en Menopausia: Revista de la Sociedad Norteamericana de Menopausia y aparecerá en la edición impresa de la revista en marzo del 2013.

"Dado que la mayoría de las mujeres tiene síntomas desagradables durante la menopausia, particularmente calores y sudores nocturnos, teníamos la esperanza de que la dieta pudiera ofrecer buenas alternativas a la terapia hormonal", dijo Ellen Gold, autora principal del estudio y profesora y jefa del Departamento de Ciencias de Salud Pública de UC Davis. "Desgraciadamente, en base a nuestro estudio, las comidas de soja resultaron no ser la 'solución mágica'".

La investigación analizó datos del Estudio de Salud de Mujeres en la Nación (SWAN), que siguió a más de 3,000 mujeres pre-menopáusicas y en la primera etapa de la peri-menopausia con consultas anuales durante 10 años. Las mujeres respondieron cuestionarios detallados sobre sus hábitos alimenticios al comienzo del estudio, en el quinto año y en el noveno año, y cada año se les preguntó sobre la frecuencia de varios síntomas menopáusicos, incluyendo calores y sudores nocturnos.

El nuevo estudio se concentró en las 1,651 mujeres que todavía no habían tenido calores y sudores nocturnos (llamados síntomas vasomotores) al comienzo del estudio, porque los investigadores querían evaluar específicamente el efecto de factores alimenticios en la prevención del comienzo de estos síntomas.

El mayor interés de la dieta en este estudio se puso en los fitoestrógenos, también conocidos como estrógenos de base vegetal.  Presentes en el queso de soya, la leche de soja y otras comidas que tienen soja, los fitoestrógenos tienen una estructura química similar al estrógeno y se cree que imitan los efectos de la hormona femenina en el cuerpo.  Como los niveles de estrógeno caen durante la menopausia, los investigadores partieron de la hipótesis de que una dieta con alto contenido de fitoestrógenos reduciría los síntomas de la menopausia.  También evaluaron el consumo de fibra de las participantes porque se cree que la fibra aumenta la disponibilidad de estrógenos en el cuerpo.

El estudio no encontró una correlación sistemática entre la fibra y los fitoestrógenos en la dieta y el inicio de los síntomas menopáusicos en mujeres que todavía no eran post-menopáusicas cuando empezaron el estudio.

Aunque otros estudios han examinado hipótesis similares, los resultados de alguna manera no han sido constantes. La mayoría de los estudios previos evaluaron a mujeres que ya eran post-menopáusicas y que ya estaban teniendo síntomas. Además, no se ha encontrado en forma constante una relación clara mostrando que mientras más alto es el consumo de fitoestrógenos y fibra, menos son las probabilidades de desarrollar síntomas.

Los autores admiten que para determinar de manera concluyente si existe una relación entre tales factores en la dieta y el inicio de síntomas menopáusicos, sería necesario realizar un estudio grande y aleatorio de control con grupos tratados con placebo con muchos años de seguimiento.   Sin embargo, afirmaron que un estudio de tales características sería costoso y difícil, y sus resultados indican que es poco probable que se encuentre un efecto grande o clínicamente significativo.

El estudio tuvo muchas ventajas respecto a estudios previos.  Incluyó información detallada de la dieta de una gran cantidad de mujeres en todo Estados Unidos que fueron seguidas durante una década. El estudio SWAN también incluyó a mujeres de distintos grupos raciales y étnicos, entre ellas blancas, afroamericanas, hispanas, chinas y japonesas. 

"En general, las mujeres asiáticas dicen tener menos calores menopáusicos que las mujeres de origen europeo", dijo Gail Greendale, especialista de medicina geriátrica en el Sistema de Salud de UCLA e investigadora principal de UCLA en el Estudio SWAN de Fitoestrógenos.  "El patrón de la dieta 'oriental', que es alta en fitoestrógenos, ha sido uno de los factores sugeridos para explicar las diferencias étnicas en la ocurrencia de los calores.  Nuestros resultados no apoyan la teoría de que un mayor consumo de fitonutrientes está asociado a índices menores de calores".

"El estudio hace una contribución a la discusión sobre el efecto de los fitoestrógenos en los síntomas de la menopausia", agregó Gold, que fue investigadora principal del lado de UC Davis/Kaiser Permanente en el estudio SWAN. "Pero no es la palabra final.  Es posible que existan otras ventajas en estos compuestos, o puede ser que un subgrupo de mujeres se beneficie del consumo de fitoestrógenos por su composición genética, lo cual podría afectar cómo metabolizan estos factores de la dieta".

Liderados por UCLA, los investigadores del Estudio SWAN de Fitoestrógenos además están estudiando el efecto de los fitoestrógenos en la densidad ósea y la cognición, así como también si la capacidad de producir un metabolito llamado equol al digerir fitoestrógenos puede tener un efecto. El equol parece tener más potencia biológica como imitador de estrógeno que otros productos derivados de fitoestrógenos, y las asiáticas tienen más probabilidades de producir equol que las mujeres no asiáticas.

El estudio SWAN fue apoyado por el Instituto Nacional del Envejecimiento, el Instituto Nacional de Investigación de Enfermería y la Oficina de Investigación de Salud de Mujeres de los Institutos Nacionales de Salud (NIH).  El Estudio Auxiliar de Fitoestrógenos del Estudio de Salud de Mujeres en la Nación fue financiado por la beca AG030448 de NIH.

Además de Gold y Greendale, también participaron del estudio Elaine Waetjen del Departamento de Obstetricia y Ginecología de UC Davis, Mei-Hua Huang de la Facultad de Medicina David Geffen de UCLA, y Katherine Leung y Sybil Crawford de la Facultad de Medicina de la Universidad de Massachusetts en Worcester.

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