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News from UC Davis Health System

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NEWS | August 7, 2012

El consumo de fructosa puede influenciar el desarrollo de síndrome metabólico

(SACRAMENTO, Calif.)

El consumo prolongado de fructosa puede contribuir al desarrollo de síndrome metabólico, una combinación de trastornos médicos que, cuando ocurren juntos, aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y diabetes.

El hallazgo, recientemente publicado en Internet en la revista Nutrición & Metabolismo, deriva de un estudio de UC Davis que investigó los efectos relativos del consumo de fructosa o glucosa en 32 hombres y mujeres mayores, con sobrepeso u obesidad que consumieron bebidas endulzadas con fructosa o glucosa proveyendo 25 por ciento de los requisitos de energía por 10 semanas.

El consumo de fructosa, pero no glucosa, tuvo impacto en varios parámetros asociados con el síndrome metabólico, incluyendo mayores concentraciones de ácido úrico circulante, que se sabe es más alto en personas con síndrome metabólico, mayor actividad GGT, que es un indicador de disfunción renal, y producción de un tipo de proteína conocida como RBP-4, asociada con mayor resistencia a la insulina.  Ningún estudio previo ha investigado los efectos del consumo de glucosa o fructosa en los niveles circulantes de RBP-4.

El diseño del estudio consistió de tres fases, incluyendo un período de base de dos semanas de internación, un período de intervención de pacientes externos de ocho semanas, y un período de intervención de pacientes internados de dos semanas.

Durante el período de base, los sujetos residieron en el Centro de Investigación Clínica del Centro de Ciencia Clínica y Traslativa de UC Davis (CCRC) por dos semanas antes de empezar la intervención de pacientes externos, consumiendo bebidas endulzadas con fructosa o glucosa.  Los sujetos volvieron al CCRC para las dos semanas finales de intervención.

En el período de base y después de 10 semanas de intervención se hicieron ayuno y muestras de sangre de 24 horas para medir concentraciones de plasma de ácido úrico, RBP-4 y actividades de enzimas renales.

Los primeros resultados del estudio, publicado en el 2009, mostraron que el volumen visceral adiposo (la grasa adentro de la cavidad abdominal) era significativamente mayor sólo en sujetos consumiendo fructosa, junto a aumentos en varios lípidos circulantes y una menor sensibilidad a la insulina, aunque ambos grupos exhibieron un aumento de peso similar.

El autor principal Peter Havel, profesor de UC Davis con asignaciones en el Departamento de Biociencias Moleculares en la Facultad de Medicina Veterinaria y el Departamento de Nutrición, ahora es el investigador principal para un estudio de seguimiento comparando el impacto de la glucosa, fructosa y el jarabe de maíz con alto contenido de fructosa en pacientes más jóvenes.  Su colega y colaboradora, Kimber Stanhope, dirigió y coordinó el estudio de investigación clínica.

La glucosa y la fructosa son ambas azúcares simples, y la receta para el azúcar de mesa (sacarosa) tiene partes iguales de las dos.  La glucosa y la fructosa puras usadas para endulzar las bebidas en este estudio no se encuentran en la naturaleza.  La mayoría de las frutas y la miel contienen cantidades comparables de glucosa, fructosa y sacarosa.  Los granos como el trigo, la avena, el maíz y la cebada tienen grandes cantidades de glucosa (y cantidades insignificantes de fructosa), pero la glucosa está empaquetada como cadenas largas que se llaman almidón o carbohidratos complejos.

El  co-autor Lars Berglund, director del Centro de Ciencia Clínica y Traslativa de UC Davis, indicó que los jugos de fruta generalmente tienen formas más concentradas de estos azúcares, mientras que las frutas y las verduras contienen fibra y otros componentes beneficiosos.

"Es más sano comer manzanas que beber un jugo de manzana", dijo Berglund.

Otros autores son ex estudiantes graduados Chad Cox, James Graham, Bonnie Hatcher, Steven Griffen y John McGahan, todos de UC Davis; Jean Marc Schwarz de Touro University, Vallejo, Calif.; Andrew Bremer de Vanderbilt University, Nashville; y Nancy Keim de UC Davis y el Departamento Federal de Agricultura, Davis, Calif.

Esta investigación fue apoyada con fondos de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) (RO1 HL-075675), el Centro Nacional para Recursos de Investigación de NIH (UL1 RR024146), y la Guía para la Investigación Médica de NIH. El laboratorio de Havel recibe apoyo de NIH (HL-091333, DK-097307, y DK-095980) y un Premio Multicampus (#142691) de la Oficina del Presidente de la Universidad de California, y la investigación de Keim es apoyada por la beca interna del Sistema Actual de Información de Investigación 5306-51530-016-00D del Servicio de Investigación del Departamento Federal de Agricultura (ARS).

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