NEWS | March 23, 2016

Relación entre el consumo abundante y persistente de marihuana y los problemas sociales en la mediana edad

Un estudio muestra que la marihuana no es "más segura" que el alcohol

(SACRAMENTO, Calif.)

Un estudio de investigación que hizo un seguimiento a un grupo de niños desde su nacimiento hasta los 38 años demostró que las personas que fumaron cannabis cuatro o más días a la semana durante muchos años terminaron en una clase social más baja que sus padres, con empleos menos calificados, menos prestigiosos y con salarios más bajos que quienes no fumaron cannabis regularmente. Estos consumidores regulares y persistentes también tuvieron más dificultades financieras, problemas laborales y problemas de relación, que se fueron agravando a medida que también fueron aumentando la cantidad de años de consumo regular de cannabis.

Magdalena Cerdá Magdalena Cerdá

El estudio, llevado a cabo por un equipo internacional de investigadores liderado por Magdalena Cerdá en el Sistema de Salud de la Universidad de California en Davis, y Avshalom Caspi y Terrie Moffitt de la Universidad de Duke, aparecerá en Internet en la revista especializada Clinical Psychological Science el 23 de marzo.

“Nuestra investigación no contempla argumentos en contra o a favor de la legalización del cannabis”, manifestó Cerdá, autora principal del estudio y una epidemióloga del Programa de Investigación para la Prevención de la Violencia en UC Davis. “Pero sí demuestra que el cannabis no fue seguro para los consumidores a largo plazo a los cuales se les hizo un seguimiento en nuestro estudio”.

“Nuestro estudio demostró que los consumidores regulares de cannabis experimentaron una disminución de la movilidad de clases sociales y más problemas financieros, como problemas de deuda y liquidez, que aquellos que no manifestaron un consumo persistente”, agregó. “Los consumidores regulares a largo plazo presentaron más comportamientos antisociales en el trabajo, como robar dinero o mentir para conseguir un empleo, y experimentaron problemas en sus relaciones, como violencia y comportamientos controladores en la pareja”.

Este estudio integral es importante porque aborda diversos factores potencialmente confusos que no se habían incluido en estudios anteriores donde se evaluaron los efectos a largo plazo del consumo de cannabis en los consumidores, y concientiza sobre las consecuencias que tiene el consumo persistente de cannabis sobre las familias, las comunidades y los sistemas nacionales de bienestar social.

Los problemas económicos y sociales continuaron en los consumidores regulares y a largo plazo de marihuana incluso después de que los autores marcaran otras posibles diferencias entre los consumidores regulares de cannabis y los demás participantes del estudio, tales como los problemas socioeconómicos durante la infancia, un coeficiente intelectual más bajo, conductas antisociales y depresión en la adolescencia, mayores niveles de impulsividad, menor motivación para el logro, condenas penales por consumo de cannabis, y adicción al alcohol y a las drogas duras.

“No llegamos a estas conclusiones porque los consumidores de cannabis hayan sido procesados o porque tuvieran antecedentes penales”, aclaró Caspi, una psicóloga con designaciones en la Universidad de Duke y en el Instituto de Psiquiatría de King’s College London. “Incluso entre los consumidores de cannabis que nunca fueron condenados por consumo de cannabis, también hallamos que el uso persistente y regular de cannabis estaba relacionado con problemas económicos y sociales”.

Consumo abundante de alcohol versus consumo de cannabis

Si bien tanto el consumo abundante de alcohol como de cannabis presentan una relación similar respecto de la disminución de clase social, conductas antisociales en el trabajo y problemas en las relaciones, los autores hallaron que los adictos al cannabis presentaron más dificultades financieras, por ejemplo, no poder afrontar los gastos básicos para vivir y comer, que quienes tienen una dependencia al alcohol.

“Es posible que el cannabis sea más seguro que el alcohol para la salud, pero no para la economía”, afirmó Moffitt, una psicóloga con designaciones en la Universidad de Duke y en el Instituto de Psiquiatría de King’s College London.

El estudio abordó únicamente las consecuencias económicas y sociales del consumo de cannabis. En este sentido, demostró que el cannabis no parece ser más seguro y puede ser tan dañino como el alcohol.

“El alcohol sigue siendo un problema mucho mayor que el cannabis porque el consumo de alcohol es más generalizado que el consumo de cannabis”, manifestó Cerdá. “Sin embargo, a medida que aumente la legalización de cannabis en el mundo, la carga económica y social que representa el consumo regular de cannabis podría también aumentar”.

Los autores evaluaron la frecuencia de consumo y el tiempo de consumo de cannabis entre participantes a largo plazo en el Estudio de Salud y Desarrollo Multidisciplinario Dunedin: un proyecto de cuatro décadas a cargo de la Universidad de Otago que ha seguido el desarrollo de un grupo de 1,037 niños nacidos entre 1972 y 1973 en Dunedin, Nueva Zelanda desde su nacimiento hasta los 38 años. El estudio Dunedin incluye a participantes que representan la gama completa de extractos socioeconómicos y de salud de la población general y que han sido sometidos a estudios de control y seguimiento a los 3, 5, 9, 11, 13, 15, 18, 21, 26, 32 y, el más reciente, a los 38 años de edad.

Para el estudio actual, los autores incluyeron a 947 participantes que habían completado por lo menos tres de las cinco evaluaciones sobre cannabis para adultos entre los 18 y los 38. Los autores midieron tanto la persistencia de la dependencia al cannabis, según se define por la cantidad de períodos del estudio, de cinco, que el participante cumplió con el criterio de dependencia al cannabis, como la persistencia al consumo regular de cannabis medida como el número total de períodos del estudio, de cinco, en que un participante consumió cannabis durante cuatro o más días por semana.

El dieciocho por ciento, o 173 participantes, fueron considerados dependientes a la marihuana en por lo menos una ola del estudio, y el 15 por ciento (140 participantes) quedaron comprendidos en las categorías de consumo regular de cannabis, en por lo menos una ola del estudio. Los resultados fueron similares en los casos de dependencia persistente al cannabis y consumo persistente regular de cannabis. (Consultar el resumen de la metodología de investigación que se adjunta o el trabajo para obtener más información detallada.)

Otras universidades que participaron en este estudio de investigación son la Universidad de Otago, Dunedin, NZ; el Instituto de Psiquiatría, King’s College London, Reino Unido; la Universidad del Estado de Arizona, Tempe, Arizona.

La investigación recibió el apoyo del Consejo de Investigación de Salud de Nueva Zelanda, el Ministerio de Comercio, Innovación y Empleo de Nueva, el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de EE.UU. (NIH AG032282), el Instituto Nacional sobre Abuso de Drogas de EE.UU. (NIH DA030449), el Consejo de Investigaciones Médicas del Reino Unido (MRC MR/K00381X), y la Fundación Jacobs.

Cita: “Persistent cannabis dependence and alcohol dependence represent risks for midlife economic and social problems: A longitudinal cohort study”, [La dependencia persistente al cannabis y al alcohol representa riesgos para los problemas económicos y sociales de la mediana edad: Un estudio de cohorte longitudinal] Magdalena Cerdá, et al. Clinical Psychological Science, en Internet, 23 de marzo.