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UC Davis MIND Institute

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NEWS | May 24, 2011

Las mujeres que comienzan a tomar vitaminas prenatales oportunamente tienen menos probabilidades de tener hijos que sufren de autismo

Las mujeres que no las toman oportunamente tienen casi el doble de probabilidades de tener hijos que sufren de autismo.

(SACRAMENTO, Calif.)

Las mujeres que reportaron que no tomaban una vitamina prenatal a diario, inmediatamente antes y durante el primer mes del embarazo, tenían casi el doble de probabilidades de tener a un hijo que sufría de un trastorno del espectro autista, que las mujeres que sí tomaban los suplementos — y el riesgo asociado con el mismo aumentó a siete veces más cuando se combinaba con una composición genética de alto riesgo, ha determinado un estudio realizado por los investigadores en el Instituto de MIND de UC Davis.

"Las madres de hijos que sufren de autismo tenían considerablemente menos probabilidades de reportar haber tomado vitaminas prenatales durante los tres meses antes del embarazo y el primer mes del mismo, que aquéllas con niños que se desarrollaban típicamente”, dijo  Rebecca J. Schmidt, profesora asistente en el Departamento de Ciencias de Salud Pública en la Facultad de Medicina de UC Davis y autora principal del estudio.

El resultado fue “fuerte y robusto,” dijeron los autores del estudio, y es el primero en sugerir un paso concreto que las mujeres pueden tomar que podría reducir el riesgo de tener a un hijo que sufra de autismo.  El estudio titulado: "Vitaminas prenatales, variantes de genes del metabolismo funcional de un carbono y riesgo de autismo en el estudio de CHARGE" se publicó en línea hoy en el sitio de Internet de la publicación periódica EPIDEMIOLOGÍA.  Se espera que éste se publique en el mes de julio.

El consumir vitaminas prenatales podría ser especialmente eficaz para las madres y sus hijos genéticamente susceptibles.  Para las mujeres con una composición genética particular de alto riesgo, que reportaron que no tomaban vitaminas prenatales, el riesgo calculado de tener a un hijo que sufra de autismo era más de siete veces mayor que en las mujeres que sí reportaron que tomaban vitaminas prenatales y que tenían más variantes de genes favorables, determinó el estudio.

Los autores postulan que el ácido fólico, la forma sintética del folato o vitamina B9 y las demás vitaminas B en suplementos prenatales, probablemente protejan en contra de déficits en el desarrollo temprano del cerebro fetal.  Se sabe que el folato es crítico para el neurodesarrollo, y los estudios han determinado que el ácido fólico suplementario tiene la posibilidad de prevenir un máximo del 70 por ciento de los defectos del tubo neural, dijeron los autores.

“Este resultado parece ser el primer ejemplo de interacción entre los genes y el medio ambiente en el autismo”, dijo Irva Hertz-Picciotto, profesora y jefa de la división de salud ambiental y ocupacional en el Departamento de Ciencias de Salud Pública en la Facultad de Medicina de UC Davis.

“Es ampliamente aceptado que los trastornos del espectro autista son el resultado de factores múltiples, que sería extremadamente raro encontrar a alguien que tuviera una sola causa para este síndrome del comportamiento.  Sin embargo, estudios anteriores sobre los genes han ignorado generalmente la posibilidad de que los genes podrían actuar de acuerdo con las exposiciones ambientales” dijo Hertz-Picciotto, la autora principal del estudio y una investigadora afiliada con el Instituto de MIND de UC Davis.

Para realizar el estudio, los investigadores recopilaron datos de aproximadamente 700 familias del Norte de California con niños de 2 a 5 años de edad que sufrían de autismo o desarrollo típico y eran participantes en el estudio del Riesgo del Autismo en la Infancia de la Genética y del Medio Ambiente (Childhood Autism Risk from Genetics and the Environment – CHARGE) entre enero del 2003 a diciembre del 2009.  Todos los niños nacieron en California y provenían de familias que hablaban inglés o español.  Los diagnósticos de autismo se confirmaron a través de pruebas en el Instituto de MIND de UC Davis.

A las mujeres que participaron en el estudio de CHARGE se les preguntó por teléfono si tomaban vitaminas prenatales, multivitaminas u otros suplementos en algún momento durante los tres meses antes de y durante sus embarazos y durante el amamantamiento.  Si la persona que respondía decía que había tomado vitaminas, se le preguntaba qué tipo tomaba, qué dosis y con qué frecuencia y durante qué meses del embarazo las consumía.

“Puesto que a las madres se les preguntó acerca de su uso de vitaminas, años después de sus embarazos y después de que se conociera la situación del desarrollo infantil de sus hijos, se espera algún error en su reporte.  Además, en comparación con las madres que tienen a un hijo afectado, las madres cuyos hijos son saludables y muestran hitos del desarrollo típico podrían tener menos probabilidades de recordar con precisión, simplemente porque tienen menos razones para reflexionar y estar preocupadas acerca de sus comportamientos años antes”, dijo Schmidt.  Esto podría haber influenciado los resultados, indicó.  Se necesitan realizar investigaciones adicionales para descartar la influencia en el reporte.

Los investigadores tomaron en cuenta la educación materna y el año en que el niño nació; los resultados fueron los mismos cuando también se tomó en cuenta la edad de la madre.  Sin embargo, después del primer mes del embarazo, no había ninguna diferencia entre las madres que tomaban vitaminas prenatales y las que no las tomaban.  Esto indica que, para cuando la mayoría de las mujeres se dan cuenta de que están embarazadas, el tomar suplementos prenatales podría no beneficiar al niño, en términos del riesgo para el autismo.

Los efectos de interacción considerable se observaron para dos genes maternos, incluyendo un variante bien estudiado sobre el gen de la enzima metilenetetrahidrofolato reductasa (methylenetetrahydrofolate reductase – MTHFR) asociado con el metabolismo de folato menos eficaz y mayores niveles de homocisteína, un aminoácido.

Las madres de niños que sufrían de autismo tenían 4.5 veces más probabilidades de tener el genotipo MTHFR 677 TT menos eficaz y de reportar que no tomaban vitaminas prenatales durante el período alrededor de la concepción, que las madres de hijos que se desarrollaban típicamente.
 El otro variante del gen materno con una interacción considerable conduce a una actividad reducida de la cistationina-beta-sintasa (cystathionine-beta-synthase – CBS) y a la homocisteína en plasma elevada.  Además, el mayor riesgo para el autismo se asocia con otros variantes de genes maternos asociados con el metabolismo de un carbono menos eficaz, pero sólo si la madre reportó que no tomó vitaminas prenatales en los primeros meses antes e inmediatamente después de la concepción.

Además, el ser homozigoto para un variante común funcional en el gen de catecol-O-metiltransferasa (catechol-O-methyltransferase – COMT) del niño se asociaba con más de siete veces el riesgo calculado para autismo en las madres que reportaron que no tomaban los suplementos alrededor del momento de la concepción, en comparación con los niños con otros genotipos, cuyas madres sí reportaron el consumo de vitaminas prenatales periconcepcionales.

Este gen reduce la actividad de la enzima de COMT de tres a cuatro pliegues.  La enzima de COMT, bien conocida por su papel en la degradación de la dopamina, se activa durante el neurodesarrollo temprano.  Las diferencias estructurales y funcionales del cerebro se han descrito en todos los genotipos de la enzima de COMT, particularmente en las regiones hipocampales y prefrontales de la corteza afectadas por el autismo.

El resultado, si es duplicado, proporciona una posible manera de reducir el riesgo de tener a un hijo que sufra de autismo, dijeron los autores.

“Las buenas noticias son que si este resultado se duplica, éste proporcionará una medida basada en pruebas, barata, relativamente simple, que las mujeres pueden tomar para reducir los riesgos para su hijo, que es tomar vitaminas prenatales tan pronto como les sea posible en el embarazo e inclusive al planificar el embarazo”, dijo Hertz-Picciotto.

Otros autores del estudio incluyen a Robin L. Hansen, Linda C. Schmidt y Daniel Tancredi, todos de UC Davis, y a Jaana Hartiala y Hooman Allayee, de UCLA.

El estudio fue financiado por una subvención del Instituto Nacional de Ciencias de Salud Ambiental de los Institutos Nacionales de Salud, incluyendo fondos proporcionados por la Ley de Recuperación y Reinversión Americana del 2009; una subvención de la Ciencia para Lograr Resultados (Science to Achieve Results – STAR) de la Agencia para la Protección del Medio Ambiente de los Estados Unidos; y una subvención del Estudio Investigativo Piloto del Instituto de MIND de UC Davis.

El Instituto de Investigación Médica de Trastornos del Neurodesarrollo (Medical Investigation of Neurodevelopmental Disorders – M.I.N.D.) de UC Davis, en Sacramento, Calif., se fundó en 1998 como un centro único de investigación interdisciplinaria en donde los padres, los líderes comunitarios, los investigadores, los profesionales clínicos y los voluntarios colaboran para estudiar y tratar el autismo y otros trastornos del neurodesarrollo.  El instituto tiene esfuerzos investigativos principales en el autismo, el síndrome de Tourette, el síndrome del gen X frágil, el síndrome de supresión del cromosoma 22q11.2 y del trastorno del déficit de atención con hiperactividad (attention-deficit/hyperactivity disorder – ADHD).  Hay a la disposición más información acerca del instituto, incluyendo presentaciones previas en su Serie de Conferencias Distinguidas en la Internet en http://healthsystem.ucdavis.edu/mindinstitute/</a>.